Yobel Parra
No es posible acercarse a la obra pictórica de Yobel Parra sin advertir que nos asomamos a una ventana re revela un mundo fantástico, que intuimos habitado por Alicia de Lewis Carroll. Ciertamente no es el caso, no veremos en el trabajo Plástico de Yobel el país de Alicia, pero si su imaginario de análoga riqueza.
A través de las pinturas de Yobel asistimos a la construcción (o a la reconstrucción) de una arquitectura de símbolos e imágenes de reminiscencias infantiles, nos convertimos en los espectadores asombrados del ámbito onírico de la niñez. Es factible suponer que la elaborada estructura compositiva, los objetos y los colores contribuyan a producir esa mágica nostalgia (lo cual es justificado). Pero luego comprendemos que se trata de una complejidad aún mayor. Es obvio que contemplamos la simulación, el intento de sólo reflejar una iconografía pueril. Se descubre pues, una complejidad residente en las partes y en el todo, en el lenguaje articulado en esa especie de cronología inherente a la elaboración de cada pieza, a la atmósfera irradiada por la imagen, a las armonías compuestas por el color, al concepto, que no se oculta Detrás de confusas ambigüedades.
Las pinturas de Yobel son escenarios en los que se van sumando los elementos que se conjugan en el mundo personal: son una sucesión de planos con texturas visuales que dividen en fondos atmosféricos, llenos de matices y grafías dibujisticas, son espacios para extraviar la mirada, para sustentar los objetos cotidianos que ocupan otros planos y otros roles en la escena onírica. Son objetos de lo estáticos: cafeteras, mesas, frutas, casas, árboles, palmeras, estanterías y repisas interconectadas por puentes. Y los objetos del movimiento: pelotas, triciclos, nubes, barcos, papagayos, jinetes y animales danzantes.
Ahora bien, estos escenarios y la planta de movimientos que Yobel diseña para la interlocución de sus elementos, obedecen a otras características del trabajo del artista: El dibujo, el color y la luz. Si los fondos son atmósferas gestuales, los planos intermedios y primeros son dibujo puro: dibujos sutiles para los planos medios y dibujos fuertemente definidos para enmarcar gradaciones de colores muy vivos que irradian luz. La luz cumple un papel vital en la imagen, es una brújula presente en la atmósfera general, es también emanada desde el interior de los objetos y proyectada hacia arriba (como si de reflectores se tratara) por los puentes entre las repisas.
Es posible afirmar que las obras de Yobel poseen una complejidad que solo conocen los niños: la complejidad del juego. Son un juego espacial por donde navega la mirada del espectador en una suerte de invitación a la participación. La obra de Yobel Parra posee una magia que habría querido habitar la Alicia de Carroll, porque es fruto de la experiencia lúdica del arte.
Mariano Esquivel
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